jueves, 9 de enero de 2014

Destinados al divorcio?
Está en nuestras manos transformar nuestro matrimonio.
 
El Dr. John Gottman se ha hecho famoso por su habilidad de predecir el éxito matrimonial a través de observar las interacciones de una pareja. Él afirma que puede predecir con 95% de exactitud si un matrimonio terminará en divorcio dentro de 15 años o no, a través de un análisis en profundidad de una conversación de pareja durante una hora.
Mientras que yo no discuto sus hallazgos o su habilidad, él parece haber dejado afuera un factor muy importante. Para que la interacción de hoy en día sea una predicción de un divorcio más adelante, ambas partes de la pareja en esta relación deben permanecer completamente inactivas. Ellos deben continuar sus patrones destructivos de comunicación. Ellos no deben cambiar.
Esto va en contra del mandato judío no solamente en relación al matrimonio sino a la vida en general.
Estamos obligados a trabajar constantemente en crecer y cambiar. Debemos mejorar como individuos y como matrimonio. Ese es nuestro trabajo.
Nuestra tradición nos enseña que el pueblo judío no se ve afectado por el “destino”. No porque no exista tal cosa, sino porque cada elección que hacemos nos cambia como personas, alterando de este modo nuestro destino. Cada acción, cada palabra, tiene un impacto.
Y así como el destino no puede determinar nuestro futuro, tampoco las predicciones del Dr. Gottman pueden hacerlo.
Si uno de los integrantes de la pareja realiza un pequeño cambio, eso puede hacer toda la diferencia. “Perdóname por no haberte escuchado con atención; soy todo oídos ahora... y siempre que me necesites”.
Una nueva acción de nuestra pareja puede crear un nuevo matrimonio. “Sé cuánto disfrutas una taza de café tranquila por la mañana. No solamente la voy a preparar para ti sino que voy a cuidar a los niños para que puedas tener ese espacio, y no solamente hoy, todos los días”.
E incluso mejor, si ambas partes del matrimonio buscan ayuda externa y se comprometen a cambiar, las posibilidades son infinitas.
Todos cometemos muchos errores. Dios nos ha dado un gran regalo, la posibilidad de hacer teshuvá, de arrepentirnos y cambiar. Esta no es una oportunidad de una vez al año en Rosh HaShaná y Iom Kipur. Esto es algo que podemos y debemos hacer siempre. Podemos disculparnos. Podemos pedir perdón. Podemos empezar de nuevo.
Tengo mucho miedo de que las predicciones del Dr. Gottman se conviertan en profecías auto cumplidas, que las parejas se desesperen y se den por vencidas, que decidan simplemente que no tienen que estar juntos. No solamente ese es el peor resultado sino que refleja una actitud equivocada.
 
Las relaciones no son fáciles. El matrimonio es mucho trabajo. Hay muchos (sí, muchos) problemas a lo largo del camino. Quizás si esperamos que todo fluya suavemente nos daremos por vencidas con facilidad. Pero eso sería una lástima.
Incluso si nuestras interacciones son tan negativas como para garantizar la sombría predicción del Dr. Gottman, de todas maneras podemos cambiar. Podemos tratar a nuestra pareja con mayor bondad y sensibilidad. Podemos mordernos la lengua cuando un comentario negativo amenace con escapar de la boca (imagina que estás hablando con tu jefe o con tu hijo, ¿te atreverías a dirigirte a ellos de esa forma?).
Yo sé que la meta del Dr. Gottman es salvar matrimonios. Quizás esta estadística es un llamado de alerta. Pero también necesitamos esperanza. Podemos hacerlo. No solamente podemos salvar estos supuestamente condenados matrimonios, sino que podemos convertirlos en algo realmente maravilloso.

lunes, 23 de septiembre de 2013

¿A quién intentas agradar hoy?


  Una vez, un joven estudió violín con un maestro de renombre mundial.
Trabajó arduo durante varios años para perfeccionar su talento y al fin
llegó el día cuando se le pidió que diera su primer importante recital en público,
en la gran ciudad donde vivían ambos, él y su maestro.
Luego de cada selección que él presentaba con gran habilidad y pasión,
el violinista parecía receloso ante los grandes aplausos que recibía,
aun sabiendo que aquellos en la audiencia eran astutos en la música y no dados a aplaudir presentación alguna que no fuera de calidad superior.
El joven actuaba como si no pudiera escuchar el aprecio que era derramado sobre él.
En el cierre del último número, los aplausos fueron estruendosos y se escucharon numerosos Bravos. No obstante, el talentoso joven violinista tenía sus ojos fijos en un solo lugar.
Al fin, cuando un anciano en la primera fila del balcón sonrió y asintió con su cabeza en señal de aprobación, el joven se calmó y brilló con alivio y gozo.
¡Su maestro había alabado su trabajo!
Los aplausos de miles no significaron nada hasta que él ganó la aprobación del maestro.
¿A quién intentas agradar hoy? Nunca podrás agradar a todos,
pero sí a Aquel que es más importante, tu Padre Dios. Mantén tus ojos en él y no fracasarás.

  Perdonar quiere decir ceder tu derecho de castigar a otra persona.
Gálatas 1:10
¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios?

  Fuente: EL libro devocionario de Dios para los jóvenes, Editorial Unilit.
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